¿Por qué en Flexicrianza hablamos de “apuesta” educativa?

En este artículo vamos a comentar uno de los aspectos fundamentales en los que se basa la propuesta de Flexicrianza, “Ideas útiles para estar mejor en Familia”. Este concepto, como parte de otros, igualmente importantes, lo hemos llamado “apuesta” educativa. Y vamos a hacer una revisión general del alcance de éste.

¿Cómo se explica que nuestros hijos al crecer sean tan diferentes en sus formas de ser?

Han estado sometidos al mismo ambiente familiar, con los mismos padres, las mismas normas, la misma historia. ¿Por qué muchos son como la noche y el día? Y si tenemos más de dos, las versiones suelen ser aún más variadas. Responder esto es complejo. Intervienen muchos factores. Probablemente, el más sencillo de entender es el genético. Tenemos unas características, biológicamente heredadas, que nos dotan de unos aspectos en común, pero que no son exactamente las mismas que las de nuestros padres.

Para decirlo de una forma más simple: la genética nos otorga ciertos rasgos comunes, pero a la vez nos provee de particularidades. De no ser así, los seres humanos seríamos clones de clones de clones de los primeros seres humanos sobre la tierra. A esto le debemos sumar el factor “ambiente”. O sea, el lugar, la cultura y la familia en la que nacemos. Pero decir “ambiente” es muy abstracto porque éste, como la herencia genética está llena de muchos otros elementos que explican las diferencias.

Cuando decimos es que han crecido en la “misma” familia, con los “mismos” padres y las “mismas” reglas, estamos cayendo en una ilusión. Cada persona va construyendo en la medida que crece la forma en que entiende y se relaciona con el mundo, uno de los filtros que utiliza para esa construcción es su exclusiva herencia genética y, a partir de allí, su exclusiva forma de interpretar lo que le está pasando en ese mundo.

Esto significa que los hijos no tienen los “mismos” padres, tienen los padres que cada uno va construyendo en su complejo mundo cerebral. Cada hija e hijo es diferente porque cada ser humano es el co-constructor de la particular configuración exclusiva que lo hace ser quien es.

Nuestros hijos no son los “mismos” hijos

De la misma forma, podemos decir que la idea que cada padre tiene de cada hijo es diferente. Esto hace que se relacionen de manera diferente, lo que añade más elementos de diferenciación en el resultado final de sus formas de ser. Por ejemplo: Si en casa la hija se llama “Marianna”. La “Marianna” que la mamá tiene en su cabeza no es la misma que la que tiene el papá.

Así que nuestra forma de ser es consecuencia de cómo construyo yo el mundo y de cómo se relaciona “el ambiente” conmigo, cómo proceso esas influencias y qué síntesis refleja eso en mi comportamiento. Esto nos lleva a la idea de “apuesta” educativa.

¿“Apuesta” educativa?

En Flexicrianza esta expresión de “apuesta” hay que entenderla por lo menos desde dos perspectivas, aunque se podrían aplicar todas las que trae el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

Una de ellas se refiere a depositar la confianza en unas personas y en unos criterios en los que creemos que serán beneficiosos en el proceso formativo de nuestras hijas e hijos. Y la otra, en el sentido de suerte. Cuando apuestas, puede que ganes, que pierdas, o que, por lo menos, los resultados no sean exactamente los que esperabas.

Ospina y Montoya, afirman que, aunque pongas la mayor dedicación, tus mejores intenciones, tus mejores habilidades y recursos, la educación de hijos puede ser una apuesta, porque éstos al ser los co-constructores de su propia vida, procesarán todas esas influencias y sacarán el resultado que quieran o puedan.

Dicho de otra forma, no tenemos certeza de que el “resultado” se corresponda con lo que esperábamos.

Los psicólogos afirman que la vida no es controlable solo desde lo que pasa en la familia. Todos sus miembros están sometidos a múltiples influencias (además de las genéticas) que multiplican exponencialmente las posibilidades de que, en la educación de hijos, no sean exactamente como los esperábamos.

Finalmente, estos autores creen que es importante ser conscientes de que lo que hacemos como padres es una “apuesta” porque eso los puede predisponer a replantear conceptos y estrategias de una forma más ágil. Además, puede librarles de la culpa que suele acompañarles cuando descubren que sus hijos se comportan de maneras que ellos no se explican, dejándoles una sensación de “dónde nos equivocamos”.

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